De Daumier-Smith's Blue Period
(leer el cuento)
It seemed to me that all the seats from all the buses in New York had been unscrewed and taken out and set up in the street, where a monstrous game of Musical Chairs was in full swing. I think I might have been willing to join the game if I had been granted a special dispensation from the Church of Manhattan guaranteeing that all the other players would remain respectfully standing till I was seated. When it became clear that nothing of the kind was forthcoming, I took more direct action. I prayed for the city to be cleared of people, for the gift of being alone - a-l-o-n-e: which is the one New York prayer that rarely gets lost or delayed in channels, and in no time at all everything I touched turned to solid loneliness.
Igual que Picasso (su íntimo amigo), Jean De Daumier-Smith atraviesa su período azul. Y su vida es sombría como los cuadros del período azul de Picasso: a los diecinueve años, debe abandonar París porque su madre se ha muerto. Debe abandonar también el francés, la lengua en la que ha construido su identidad, para interactuar en su nueva ciudad. La soledad en Nueva York, en compañía de su padrastro (y su rival en la disputa por el amor de la madre), se vuelve insufrible, por lo que decide abandonar también Nueva York. Little did he know que en su nuevo destino, Les Amis Des Vieux Maîtres, una academia de pintura por correspondencia en Montreal, se encontraría con una soledad aún más opresiva que todas las anteriores. Después de días y días en los que casi no intercambia palabras con sus huéspedes y empleadores, finalmente encuentra un interlocutor válido: Sister Irma, una monja que parece tener talento genuino para el arte.
Cuando yo tenía diecinueve años (la misma edad que el protagonista del cuento) me fui de viaje a París, sola, por dos semanas. Sabía bastante francés, pero no tanto como para sentirme con la confianza de ponerme a hablar con gente desconocida. Pasé los primeros días pasando mucho y contenta, pero prácticamente en silencio, pronunciando sólo alguna que otra palabra (merci, s'il vous plaît, excusez-moi), cada tanto, para mantener la cortesía. Creo que nunca antes había pasado tanto tiempo sin hablar. Más o menos al décimo día, en el comedor del hostal donde paraba, se me acercó una chica argentina, y nos pusimos a hablar de todo un poco. Hablé tanto, pero *tanto*, que la pobre chica debe haber pensado que estaba loca. En realidad, estaba un poco desesperada porque me sentía sola.La larguísima carta que Jean le escribe a la monja me recordó aquella conversación en París.
De Daumier-Smith's Blue Period es un cuento sobre la soledad, y esa carta verborrágica, ambiciosa, demagógica, y over apologetic (de la que sólo se nos muestra un fragmento) no es más que el desesperado intento de un solitario de encontrar alguien que lo escuche.
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Etiquetas: nine stories, salinger




2 Comments:
Siempre me gustó mucho el período azul de Picasso...
¿Vos lo que querés decir es que a través del habla nos hacemos humanos?
jaja, flor de descubrimiento...
Saludos,
También en la cuenta regresiva para el 26 de abril, aunque todavía sin entrada.
4:33 PM
Salinger, tan bueno, tan contundente, dejó de escribir.
Tantos otros, tan cursis y blandos, dejan de respirar pero no de escribir.
8:39 AM
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