Apio verde (to you)
El artesano de mi lado más humano
El arquitecto de mis lados incorrectos
El carpintero de mi balsa de madera...
Hasta hace pocos meses yo no sabía lo que era un weblog. Nunca había leído uno, no sabía que existían.
Hasta hace pocos meses para mí Colombia era un país más en el mapa. Conocía sólo a unos pocos colombianos famosos: el genio de García Márquez (por supuesto), Carlos Vives (¡adoro el vallenato!), Shakira (la novia de un argentino impresentable), y algún que otro jugador de fútbol (¿cómo olvidar a Valencia o Valderrama después del 5-0 en la cancha de River?). No sabía qué eran el sancocho, el ajiaco, o las arepas, el masato o el pan de bono. No sabía que un poncho era una ruana, ni que el guayabo es lo mismo que la resaca.
Hasta hace pocos meses, si alguien me hubiese dicho que tenía un amigo por internet yo habría desconfiado de la validez de esa amistad. No creía que una amistad de verdad pudiera forjarse a través de una computadora.
Yo nunca había chateado con un desconocido, y jamás habría pensado que a través de horas de chat uno pudiera llegar a conocerse tanto, tan profundamente, a compartir tantas cosas como si fuera una amistad tradicional.
Hasta hace unos meses nunca había imaginado que se pudieran mantener conversaciones telefónicas de larga distancia durante horas, sin aburrirse jamás, hasta bien entrada la madrugada.
Hasta hace algunos meses nunca nadie me había dicho algo como: “Como usted es invisible me la recuerda el aire.”
Tampoco sabía que existía un pueblo llamado Urbana, en el estado de Illinois, y que yo iba a pasar mucho tiempo pensando en qué estaba sucediendo en ese pueblito, qué hora es por allá, si nieva o hay sol, si están en época de clases o en periodo de vacaciones, qué películas dan en los cines, si alguien por allá se acuerda de mí.
Hasta hace algunos meses yo no sabía que alguien podía ser al mismo tiempo matemático y poeta, experto en teoría de modelos y excelente escritor, profesor de cálculo, cronista de cine, dibujante y versado cocinero, todo a la vez.
Pero resulta que hace algunos meses conocí a Javier.
Y tocó cambiar los prejuicios, y tocó conocer cosas desconocidas.
Y ahora toca ser feliz por tener un amigo como él.
Un abrazo, un beso y un pellizco en el pescuezo. ;)




0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home